Páginas

domingo, 4 de enero de 2015

No habrá naranjas...



Estaba pensando en lo distinta que será esta noche de reyes magos. Y vino a mi memoria el avellana, "los reyes magos son los paaaaadres" y mi boca abierta de medioimbécil, como dirían en Ecuador y la sensación de que se había quebrado la última resistencia. Y he recordado, también, tus regalos, aquellos que descubrimos, con nuestros nombres, escondidos, cuando yo ya sabía, pasados tantos años, que si había existido alguna maga, eras tú, y tan llena de vida, que habías sido capaz de celebrar la noche de reyes magos con nosotros aunque te hubieras ido unos meses antes. O cómo muy dignamente me situaba en segunda fila "yo no me agacho, cómo se pone la gente" y acababa por los suelos disputándome "cualquier-cosa-lo-que-sea" con una señora que justo antes estaba igual de digna que yo, mientras mi madre, que era especialista en cabalgatas, con una agilidad de tigresa y cara de niña, conseguía una cosecha sorprendente. He recordado-añorado rabiosamente el rostro de Olga, los garbanzos que sigue dejando mi padre, los regalos de José María encima de la mesa, envueltos con tanta belleza, mi empecinamiento en regalar libros a mis sobrinos y la misma broma de cada año, es un jamón, porque ya el factor sorpresa no funciona y no se me ocurre ninguna otra tontería más medioimbécil que esa, la cervecita familiar de reencuentro, mi tío Juan "Pepe-Pepe-Pato-Pato", que son las únicas palabras que dice, pero con las que es capaz de armar un sorteo anual con papeletas artesanas elaboradas por él mismo que dura unas dos horas y media, y que repite varias veces, ejerciendo de notario insatisfecho, a pesar de las caras de agotamiento del resto. Y justo ahora, después de intercambiar unos mensajes, se me vino a la mente: "esta noche de reyes magos tampoco habrá naranjas".