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viernes, 6 de marzo de 2015

Hiedra



Me he acostumbrado a estas cuatro paredes,
las persianas echadas, en un minúsculo patio,
donde, a veces, rompe a llorar un niño.

Todo me recuerda a lo que no he sido.

Me envuelvo en mis hábitos de piedra
y así paso una hora, luego otra,
así amanezco, y así pasan los días.

Así fue hasta ayer.

Invisible y verde, implacable,
la hiedra trepó hasta el nudo
y no hay manera de permanecer más tiempo
agazapada.
Aquí estoy, una vez más, lamiendo heridas
que no sé poner en pie.

Lo verde, invisible, vivo, me espera.
Me espera como a un insecto, como a cualquier ser vivo.
Pero ya no me importa.
Es indiferente rendirse como no hacerlo.

Me he acostumbrado a estas cuatro paredes,
las persianas echadas, en un minúsculo patio,
donde, a veces, rompe a llorar un niño.

domingo, 4 de enero de 2015

No habrá naranjas...



Estaba pensando en lo distinta que será esta noche de reyes magos. Y vino a mi memoria el avellana, "los reyes magos son los paaaaadres" y mi boca abierta de medioimbécil, como dirían en Ecuador y la sensación de que se había quebrado la última resistencia. Y he recordado, también, tus regalos, aquellos que descubrimos, con nuestros nombres, escondidos, cuando yo ya sabía, pasados tantos años, que si había existido alguna maga, eras tú, y tan llena de vida, que habías sido capaz de celebrar la noche de reyes magos con nosotros aunque te hubieras ido unos meses antes. O cómo muy dignamente me situaba en segunda fila "yo no me agacho, cómo se pone la gente" y acababa por los suelos disputándome "cualquier-cosa-lo-que-sea" con una señora que justo antes estaba igual de digna que yo, mientras mi madre, que era especialista en cabalgatas, con una agilidad de tigresa y cara de niña, conseguía una cosecha sorprendente. He recordado-añorado rabiosamente el rostro de Olga, los garbanzos que sigue dejando mi padre, los regalos de José María encima de la mesa, envueltos con tanta belleza, mi empecinamiento en regalar libros a mis sobrinos y la misma broma de cada año, es un jamón, porque ya el factor sorpresa no funciona y no se me ocurre ninguna otra tontería más medioimbécil que esa, la cervecita familiar de reencuentro, mi tío Juan "Pepe-Pepe-Pato-Pato", que son las únicas palabras que dice, pero con las que es capaz de armar un sorteo anual con papeletas artesanas elaboradas por él mismo que dura unas dos horas y media, y que repite varias veces, ejerciendo de notario insatisfecho, a pesar de las caras de agotamiento del resto. Y justo ahora, después de intercambiar unos mensajes, se me vino a la mente: "esta noche de reyes magos tampoco habrá naranjas".




viernes, 26 de diciembre de 2014

Decidir...




Intento avanzar, sin saber aún si seguiré aquí. Leo, releo, escribo, analizo, me desespero. Cualquier palabra me detiene. Y, por muy extraña que parezca, encuentro en ella el eco de algún recuerdo. Más gata que nunca si creyera en la leyenda popular. De todas las vidas que he iniciado, ésta es sin duda la más ajena a todo lo que alguna vez fui o creí ser. Mis posaderas en el vacío. Ladrillo a ladrillo, torpemente, la construyo, sin instrucciones ni sentido alguno.

El frío se cuela por todas partes.

Esa manía de ser tan indecisa para unas cosas, tan impulsiva para otras.

Entre trastos, letras, espacios extraños y mucho silencio, aquí sigue, a mi lado. Las fuerzas ya no son las mismas, pero es empecinada. La niña que se asombraba cuando en un mundo que sentía más bien hostil, descubría la magia en resquicios cotidianos. Una magia herida, pero llena de una belleza difícil de describir.

Mis ojos ahora no brillan, si alguna vez lo hicieron. Por ahora, es difícil la magia. Porque aquí es difícil respirar. O saltar de alegría de loseta en loseta. O decir lo que una piensa. Soy el arquetipo de una novata inepta y bastante bocazas que debe conocer, como está mandado, todo lo que se sufre cuando se inicia una experiencia de este tipo.

Nadie me conoce y, por lo tanto, nadie me quiere como se quiere a alguien a quien conoces. Supongo que al contrario pasa lo mismo.

Todo el equipaje de las consecuencias de mi decisión lo tengo aquí, abierto, delante del corazón. Y no sé si colocarlo en los cajones o rehacerlo para marchar, una vez más.